martes, 4 de enero de 2011

El Dinosaurio

No tenía sentido despertar, el dinosaurio se había marchado.

sábado, 1 de enero de 2011

Preludio

Se vierte el silencio en mis oídos
Inunda la nada mi existencia
Derrama la noche sobre mi.

jueves, 9 de diciembre de 2010

La suerte de Juan


Los miércoles va a la cama sintiéndose millonario. No revisa los resultados de la lotería a la mañana siguiente, sino hasta el domingo, día en que vuelve a jugar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

martes, 9 de noviembre de 2010

Desertor


Ignoro porqué no era dentro de una iglesia pero, en la Agrícola Oriental, el catecismo se impartía en la calle, a la vuelta del mercado.

El grupo no llegaba ni a diez niños sentados en dos hileras entre la banqueta y la pared. Allí, luego de un par de semanas, me convencieron de que Dios era todopoderoso. Pero volví a casa, donde mi prima -doce años, inteligente, escandalosa e insolente- me preguntó:

- ¿Dios lo puede todo?
- Sí
- Entonces ¿podría crear una piedra tan grande y tan pesada que ni siquiera él pudiera cargar?

Aún ahora no tengo la respuesta pero -al menos- dejé de ir al catecismo.

lunes, 16 de agosto de 2010


El pueblo es el opio del fútbol.

lunes, 5 de julio de 2010

Post Data


P.D. Te cuento algo rápido: Mi abuelita tenía una amiga que se llamaba Lola con quien mantenía correspondencia frecuentemente. Mi abuela dictaba y mi mamá escribía en la máquina. Se mandaron cartas durante muchso años, una vez al mes. Hasta que Lola murió pero cuando eso pasó yo estaba en la Universidad y ya no me aparecía mucho por casa de mi abuela.

Me gustaba sentarme cerca y escuchar la voz alta y emotiva de mi abuela contándole sus cosas y las de su familia a la amiga. Mi abuelita, Cuca, es una mujer muy alegre, optimista, vacacionista perpetua, cantadora, bien católica pero muy buena onda y siempre guapa y coqueta. Tiene ahora como 90 y tantos años y vive su novena juventud. Es una bendición. Casi nunca la oí llorar cuando dicataba sus cartas pero sí, recuerdo lágrimas y voz entrecortada un par de ocasiones. Por mi parte, confieso que algunas veces sonreía al escuchar mi nombre en esas cartas.

Una vez, me enteré de que mi abuela le envió una foto mía a su amiga, detalle que me puso muy contento. Al principio, la amiga invisible de mi abuela me intrigaba ¿Mamá, Lola me conoce? ¿Es mi tía? Nunca la vi en persona. En algún momento tuve ganas de conocerla pero nunca se lo dije a nadie.

A veces escribo cartas para mi hija que aún no sabe leer y que está muy lejos de aquí y me despido evocando la forma en que Cuca lo hacía de Lola: "tu amiga, quien verte quisiera más que escribirte.'